Y aquella noche después de más de 7 años juntos, todo se vino abajo. Nunca nadie imagina como ha de ser el “ultimo adiós”, pero creo que este adiós fue especialmente inesperado. No nos habíamos comunicado bien en el fin de semana, y pese a que te había escrito ya dos cartas, no respondiste ninguna. Para cuando opte por llamarte el 14 de febrero por la mañana, era más que obvio que si habías contestado el teléfono era para hacer oficial lo que para ti ya había sucedido dos días antes, pero que no habías tenido el valor de notificarme. Que ya estabas con alguien más, pero yo lo ignoraba.

Todo se acabó con una llamada de mi parte, que no duro mas de 5 minutos, en los cuales no pude expresarte mi desesperación, mi impotencia por no tenerte frente a mi, aunque a ti ya no te importaba mas nada de lo que yo pudiese haber estado sintiendo. Recuerdo tus escasas palabras, y como no te molestaste en sentarte un segundo siquiera a tomarle seriedad a las mías, preferiste darme de regalo el sonido de tu cepillo de dientes y de tus tacones altos al caminar. Preferí colgar el teléfono y quedarme colerizado, confundido, y sobre todo, moribundo.

Aquella noche dormí gracias a la ayuda de alguna pastilla, pero al despertar mi mente se encontraba en el mismo punto donde había puesto pausa para dejarme dormir. Para mi suerte, no tenia clases hasta dentro de varias horas, y no hice más que pensar. ¿Qué había pasado en escasos 15 días de haber pasado la noche en mi cama? Peor aun, ¿Por qué no comentarme que tenías pensado terminar 11 días antes, cuando pasamos nuestro último fin de semana juntos? Cuanto más pensaba, menos cordura encontraba en tu proceder, y más dudas venían a mí. Que incongruente si dentro de 3 días teníamos planeado viajar a Ensenada a disfrutar del carnaval.

Ese viernes salí a tomar, a distraerme y a tratar por lo menos, de divertirme, pero era mas que obvio que esa salida era en tu honor, en honor a todo lo que esta muriéndose dentro mio. No me embriague, quizás no estaba en el estado de animo correcto, pero aun así, la resaca me despertó a escasas 8 de la mañana; llame a Arturo y quedamos de ir a desayunar, así lo hicimos, aprovechamos para lavar mi carro, y en un arranque de no sé que, decidimos seguir tomando en Ensenada… que manera, en 96 horas pase de haber creído que iría ese fin contigo, a ir con mi mejor amigo, a seguir tomando, por tu despedida… y lo peor del caso, sabia perfecto por alguna red social que tu estabas allí.

Esa tarde casi no me concentre en nada más que encontrarte. Ignoraba si te encontrarías acompañada de alguien mas, puesto que en ese momento no sabia que ibas con el, o si por el contrario, como esperaba, estuvieses con tus amigas, que si hubiera sido el caso y te encontraba, pensaba raptarte y exigirte una explicación, puesto que creo que después de tanto tiempo, me merecía por lo menos una despedida con razones maduras, de gente adulta, y no una ruptura telefónica, cual si fuésemos adolescentes.

No te encontré. En mi camino de regreso, luche conmigo mismo por contener las lagrimas, sentía que con cada kilometro que recorría en sentido contrario al puerto, se moría una inútil esperanza, aun conservada de arreglar las cosas. Así que al llegar a mi departamento, rompí a llorar… No había llorado desde el martes que terminamos, y ese sábado, el tanque de gas que se encontraba dentro de mi pecho exploto al fin..

Recostado bajo las cobijas, sin molestarme en ponerme siquiera mi pijama y abrazado de una almohada, rompí en llanto, no han sido muchas las veces que he llorado, pero esta vez fue una de las mas dolorosas que pueda nombrar. Mi llanto era copioso, y constantemente mi cara se deformaba en un rictus de dolor, sin emitir sonido alguno, mientras apretujaba la almohada a mi cara. Esa noche me venció el sueño, no sin antes haberle pedido a Dios una y mil veces que te hiciera recapacitar, que pensaras que estabas a menos de 100 kilómetros de mi puerta… Le pedí que vinieras a mí, tocaras y te tendieras en mis brazos, que te hiciera ver que nadie te iba a poder amar más que yo, nunca, y que era un buen hombre para Ti. El timbre nunca sonó.

La mañana siguiente me levante temprano, aun me sentía adolorido, me duche, me cambie y puse algo de música. De nuevo rompí en llanto. Desde la noche anterior había escrito en una hoja de papel una oración, así que tan pronto fueron las 12 del medio día, hice lo que nunca antes había hecho, asistí a la misa dominical de cerca del parque, y leí la oración ante Dios.

Regrese sintiéndome un poco mas tranquilo, pero era evidente que estaba destrozado. Por la noche hable con mi madre, y de nuevo llore al teléfono, y ella lloro conmigo. En ese momento me reproche el haber tomado una decisión tan estúpida como borrarme de tu vida de un día para otro, y considere buscarte el fin de semana próximo para hablar, quizás no para regresar, pero me decía a mi mismo que ya te había brindado el tiempo suficiente para pensar las cosas, y que quizás tu decisión habría cambiado para entonces. Cuan equivocado estaba.

para el martes siguiente, había hablado ya con algunos amigos de Mexicali, pero uno en particular me pregunto que como me sentía y después de una charla, decidió confesarme lo que yo sospechaba, pero agrego matices horribles al relato. Me dijo que necesitaba entender que eras una mala mujer, que no vales la pena y que nunca me amaste. Y me lo dejo claro… me comento cosas que por respeto a mi persona, no me permitiré relatar, mas se que si algún día lees estas lineas, sabrás a que me refiero.

Esa noche me quedo claro que no quería volver contigo jamás. Que eres una mala mujer, una pésima ser humano. Y te odie por hacerme vivir todo lo que sufrí en ese momento, al ver el rostro detrás de la mascara. Y aun ignoraba que había más.

Cuando vine a Mexicali, hable con varios amigos, y como supongo que vieron en mi algo de amor por ti aun, decidieron seguir descubriendo la clase de mujer que eres. Al recodar ese momento, aun me tiemblan las manos, y me dan ganas de vomitar. No tienes idea de lo decepcionado que me sentí; y de lo triste, porque yo te conocí desde niña, te convertiste en mujer entre mis brazos… y Te ame, ame cada gesto, cada acción y cada cosa tuya, porque para mi eras pura… no se me ocurre otra manera de decirlo mas que expresándote que eras para mi, la mujer perfecta, la mujer de mi vida y cuando te decía: “No me importa lo que digan, yo conocí a mi esposa en la preparatoria”, te juro que lo sentía. Y si aun tienes el valor de recordar las miles de líneas de amor que te escribí, sabrás que no mentía. Te tenía endiosada, eras mi musa. Y me dolió muchísimo darme cuenta que era solo una mascara tuya.

Después de eso, la herida comenzó a cerrar lentamente… con demasiada lentitud que en algunas ocasiones pensé que jamás me recuperaría. Y quizás no ha sanado del todo, pero creo que esta lo suficientemente cicatrizado como para poder poner el dedo en la llaga sin sentir mas dolor, que el que me causa el tenerla ahí, porque pudiendo infringirme un daño menor, decidiste quebrarme en mil pedazos. Pudiendo esperarme y terminarme de frente, pudiendo darme las gracias por el tiempo que vivimos, no lo hiciste. Después de 7 años, de un día a otro, tuve que aprender lo que era no tenerte más. Y quizás, en el fondo, sea eso lo que más me dolió.

Aun recuerdo la noche que te llame, había estado tomando con mis amigos, y como me pasa constantemente cuando salgo a tomar, me acuerdo de ti. Necesitaba llamarte, escuchar tu voz, no era mi intención decir una sola palabra, solo quería saber que de nuevo, después de mas de un mes, te tenia del otro lado de la línea. Así que no escatime en marcar tu numero una y mil veces hasta que respondiste, dijiste “bueno” algún par de veces y luego colgaste. Y me dije a mi mismo, ya puedes dormir. Cual seria mi sorpresa al día siguiente recibir un mensaje tuyo pidiéndome de una manera especialmente desagradable que dejara de molestarte. Cual si yo me hubiese portado mal hacia Ti. Te respondí que no había sido yo, que siguieras buscando. Y no había sido yo, había sido el alcohol, la añoranza y mis ganas de saber de ti… Esa noche te había llamado el chico que Te amó y que aun vivía a base de recuerdos. No el hombre al que destrozaste y que estaba en camino de levantarse.

Después de esa noche, la información comenzó a llegar a cuenta gotas para mi, me entere que ibas a casarte, alguna vez llegue a ver a tu pareja, en cuyo físico no hondare, y cuya cartera debió encantarte. Y de pronto, me di cuenta que ya te extrañaba menos, aunque diario pensaba en ti, no sentía la necesidad de verte, o de llamarte. No podía creer que habías comenzado a borrarte.

Hasta aquel martes, cuando después de llegar del hospital, y cuando recién me encontraba haciendo una exposición, mi celular sonó. El corazón quiso salírseme del pecho al ver que el número de la llamada no estaba registrado, pero que era un número que yo de memoria conocía. Eras Tú. A 4 días de cumplir dos meses de estar separados. Y aunque dude un poco en si contestar a no, al final lo hice.

Dije bueno algunas veces, por un momento dude si eras tú o no. Hasta que escuche tu voz, dijiste “Hey…”

– Hey. Que onda, ¿como estas?

– Bien…

– ¿Y tu mama? ¿Siempre si la operaron?

– No, parece que no.. -. Y se acabaron las trivialidades… el silencio inundo la línea. Todo mi cuerpo estaba en estado de shock. Y rompiste el silencio, con una frase que estoy seguro que no recuerdas, pero que me remonto casi 8 años atrás, a nuestra primer llamada telefónica. Te reíste nerviosa, coqueta y dijiste “No se que decir…”, y justo en ese momento, lo hiciste de nuevo.

– No sé que decir…

– Yo tampoco.

– ¿Estabas dormido?

– No, ¿Por qué?

– Tu voz se escucha así como si te acabaras de levantar

– No, estoy haciendo una exposición, y no había hablado con nadie en un rato – . En ese momento note que tu voz estaba mas apagada que de costumbre, y si te conozco la mitad de lo que creí conocerte, te puedo jurar que esa noche tenias algo.

– ¿Segura que estas bien?

– Si… ¿Y tu?

– También -. Y más silencio. Y como no atinaste en decir nada, decidí preguntártelo una vez mas, al recibir tu si, solo agregue

– Bueno, cuídate mucho.

– Adiós.

Y la llamada terminó. ¿Para que me habías marcado? ¿Qué esperabas con esa llamada? No pasaron 15 minutos cuando recibí un mensaje tuyo: “Se que no debí llamarte, pero desde hace unos días sentía la necesidad de hacerlo… Que bueno que estés bien, adiós…”

Y reflexione que en realidad o tenias algo, o eres muy frívola y solo querías saber en donde me tenias. Puesto que “hace unos días” estabas de vacaciones con tu pareja en El Golfo, y si algo no espero de una mujer que acaba de pasar 4 días con su pareja, con quien tiene planes de casarse, de quien no se canso de decir que la hacia feliz, que era inmensamente feliz al grado de separarse de todo aquel que no compartía su felicidad, es que recuerde a su ex novio escaso día y medio después. Y mucho menos llamarle para saber como esta.

Ese día sin querer me confirmaste lo que yo ya sabia, que estabas confundida, que no estas 100% segura de lo que estas haciendo. Y lo más importante. NO ERES FELIZ. No eres mínimamente feliz. Porque esa persona llena todos los requerimientos que tu creías necesarios para ser una mujer completa, segura, y aun así, estoy seguro que por las noches piensas que te esta pasando. Él es todo lo que no soy yo. Tiene dinero, una profesión, se lleva bien con tu familia… Y quizás por eso creíste que conmigo no eras feliz. Que nuestra situación era ya insoportable y tan pronto encontraste a alguien mas, decidiste abandonarme, sin importarte si me iba a pegar un tiro después de colgar el teléfono. Y espero por tu bien que ahora entiendas que la felicidad no esta en forma de bienes materiales, no esta ni siquiera en estar cada día junto a tu pareja, esta en aprender a valorar lo que uno tiene, en saber que lo que se tiene no es porque NO SE PUEDA TENER ALGO MEJOR, si no porque Dios sabe darle a cada quien la dosis perfecta de lo que se necesita para que uno lo valore, lo ame, y haga con eso su felicidad. Y esta mal que lo diga, pero si alguien se preocupo porque fueras feliz era yo. Pero tu te confundiste… erraste el método. Y ahora te estas dando cuenta…

Así que sigue tu camino, por mi parte no tengo mas para brindarte, que un sincero agradecimiento por todos los momentos que vivimos juntos, por hacerme crecer, y por hacerme soñar con algo grande. Se que jamas te olvidare, ni aun con todo lo que paso, pero sí sé que dejare de extrañarte algún día. Esta vez te dejo ir para siempre, para que seas muy feliz al lado de quien tu consideres sea prudente, y a pesar de todo lo bueno o malo que sucedió después, de todos los errores y fracasos, siempre seras la mujer que algún día materializo lo que creí que era la mujer perfecta, la mujer que consiguió que la amase como un loco, mucho mas allá de lo que quizás debí, con una fuerza y una pasión que no creí posible, y por enseñarme eso, te estaré eternamente agradecido.

Adiós mujer de mis inventos…

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