Poco a poco el tiempo fue pasando. La tormenta que acompaño al primer par de meses, de un dia a otro ceso. En un principio me alegro que todo ese circo hubiera acabado, despues, comence por algunos dias, a extrañar de tu presencia, aunque fuera a traves de pleitos indirectos y problemas sin razon. Hasta que ese sentimiento tambien desaparecio.

Poco a poco, me vi forzado a verme permanentemente acompañado de una soledad que yo desconocia, a la que sentia ajena, y a como podia, trataba de evitarla, frecuentando amigos, paseando con nuevas conquistas. Despues, la calma… el torbellino que se encontraba dentro mio, poco a poco fue disminuyendo de categoria, hasta ser un pequeño remolino que apenas y me movia.

Poco a poco, fui entendiendo que no era de la soledad de la que debia disfrutar, sino de mi compañia. Que hermoso fue abrir los ojos a la realidad. En que momento entendi esto, justo en mi ultimo dia de vacaciones, despues de cenar solo en alguna carreta de por ahi.

Poco a poco me di cuenta de lo agradable y melodioso que era el silencio. Comence a disfrutar de dejar correr el reloj y sus horas, recostado en mi cama sin que nada ni nadie me molestara. No mas compromisos forzados, no mas visitas de cortesía. Muy despacio me di cuenta que aunque es agradable salir a pasear con alguien en el asiento del lado, tambien lo es el manejar cantando a todo volumen la musica que a mi me plasca… o simplemente con el estéreo apagado, disfrutando del hecho de conducir. Nunca nadie me comento tampoco que es posible disfrutar de una cena en silencio estando en un restaurante lleno de extraños, comiendo lo que se me antoje, sin cruzar palabra alguna, dejando mi mente volar, planeando para el futuro, soñando en el presente, frente a una silla vacia, puesto que no hay nadie que la deba ocupar.

Poco a poco me fui enamorando de que mis celulares suenen cuando alguien se acuerde de mi y no cuando alguien necesite tenerme checado; de igual manera disfruto el enviar algun mensaje solo cuando en realidad, sinceramente, me nace el saber de otro ser humano.

Hoy disfruto de igual manera el beber una cerveza solo que en compañia de un amigo sincero, porque he aprendido sin querer y sin pedirlo, a valorar una compañia que no conocía: Mi compañia. Ahora veo que en realidad, no estoy solo, y que pese a que el trago que me condujo hasta aquí fue amargo, poco a poco se ha convertido en un sabor mas bien agridulce, un sabor que ya no me es ajeno, que no me es desagradable y que me ha arranca constantemente, una leve sonrisa.

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